Uno de los pensamientos que me solian acompañar en esas caminatas de ensoñación era que sería encantador, como de cuento de hadas, encontrarme repentinamente con "alguien". Alguien se me aparecería ahí, sonreiría y me aprovaría. Yo no pedia mas que eso; solo queria que supiera, y la única forma de estar segura de que él lo sabia era verlo refleajado en la luz de su apuesto rostro.